Alma Karla:
Nacida en Zacatepec, Morelos, Alma Karla, especialista en enseñanza de español como lengua extranjera por la Universidad Complutense de Madrid, y maestra en literatura latinoamericana por la Universidad Javeriana; se ha perfilado hoy día como una de las escritoras morelenses más reconocidas, entre cuyas obras destacan: Corredor de las antorchas (2000), Todo es edad (2003) y Estacionamiento de avestruces (2006), Espiral de los latidos, poesía joven del centro (2001); Del silencio hacia la luz: Mapa poético de México (2007), Adornos de papel (2008) y Mujeres Poetas en el País de las Nubes (2008).
Carlos Septién García fue la escuela de periodismo que, junto a la escuela de escritores de la Sogem, encaminaron a una mujer que valientemente se ha enfrentado a la violencia del periodismo como colaboradora del periódico La Jornada; como profesora de cátedra del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, ha reclutado mentes para que luchen con ingenio; y con sarcasmo ha declarado la guerra en contra de la desigualdad denunciando, entre otras cosas, la falta de identidad de una América Latina dolida. Así es Alma Karla Sandoval. Una mujer que con delicadeza escribe una cotidianidad que asusta, y a la vez encanta, con una pluma de punto fino.
“Alma Karla: una pluma de punto fino”
Por: Mayné Toríz
Con un vestido rojo que reflejaba la pasión de una escritora enamorada de las letras, estaba Alma Karla Sandoval sentada detrás de su escritorio. Quiso estar ahí. Y ahí fue donde la entrevistada, con una mirada amenazadora, esperaba la primer bala que los entrevistadores dirigirían hacia ella, para conocer aunque sea una mínima parte del alma de Karla.
“Las palabras son actos, son consunciones y consumaciones que pesan tanto como los hechos, al menos para alguien que está comprometido, comprometida con el lenguaje como yo”. Fue así como Alma Karla inició una fluida conversación que entabló con sus más de 10 entrevistadores.
– ¿Consideras que la palabra es un factor de cambio?
– Las palabras son actos. Si no hubiera sido por la palabra no sé qué hubiera sido de los grandes líderes. No sólo cambia, no sólo transforma, sino también aquieta. La palabra tiene un poder creo que todavía incomprensible.
“El lenguaje también se ha utilizado como forma de dominio, de control, de propaganda, sobre todo en nuestros días. Es como todos los poderes y todas las fuerzas dependiendo de la intención con que las ocupes”. Argumentó Alma Karla Sandoval mientras tomaba una taza de café, de esas a las que dice se ha hecho adicta.
– ¿Tú que trabajas en el periódico, pero que también escribes ¿qué prefieres, hablar de lo real o crear tus poemas y cuentos?
– Las dos cosas. ¿Quién dijo que no se puede mezclar la realidad a veces tan cruenta y si no siempre tan mezquina de nuestro mundo y de nuestro continente con la ficción y con la literatura. Hay un gran ensayista literario que yo admiro por sobre todas las cosas, Claudio Magris, a quien ya he tenido la oportunidad de presentárselo a muchos y a muchas de ustedes que dice que los escritores que provienen del universo del periodista, los escritores que se han formado en la sala de redacción que han reporteado son una extraña raza de autores que es invencible porque tienen en una mano el peso del mundo con su realidad amarga, y por otra también las alas de la ficción. Poder mezclar las dos cosas me parece que es quizá la fórmula para conseguir una obra inolvidable.
Mientras Karla recordaba uno de tantos escritores que le han robado al menos un suspiro, una sonrisa repentina escapaba de su boca mientras las palabras componían una conversación por demás fluida.
“Hay un matrimonio sincero, llevadero, con sus altas y bajas como todos, pero un matrimonio rico, portentoso entre la literatura y el periodismo, y son dos pasiones a las que difícilmente se puede renunciar”.
– Como periodista comprometida (o) ¿cómo podría combatirse al consumismo de la llamada “nota roja” para ofrecer al público información no morbosa?
– Fíjate que yo a mis alumnos les comento que no hay mejor enseñanza que trabajar “nota roja”. Tenemos muchos prejuicios en relación con esas publicaciones de alto tiraje y de una penetración indiscutible.
“La enseñanza del periodismo, la academia, tiene muy pocos años en América Latina, no tenemos ni veinte años de enseñar periodismo en las universidades”. Comentó la entrevistada mientras sostenía su vaso con ambas manos, ausentes de ilusión al saber la carencia de instrucción respecto al periodismo en América Latina.
– Al ser una periodista que comenzó a formarse con el nivel académico correspondiente al periodismo latinoamericano, ¿no se te dificultó adaptarte a otros tipos más avanzados de periodismo?
– Me parece que también corremos el riesgo de caer en el territorio del prejuicio. Soy muy dada a convertir mis comentarios en significados llanos y planos, “el que es perico, donde quiera es verde”. Estudié en escuelas federales, llegué a estudiar en la SEPTIEN con gente de todo el país en el Distrito Federal, con gente que había leído, gente que venía de la UNAM, por ejemplo, y en ningún momento yo me sentí extraña. Fui una gran lectora desde muy niña, eso creo yo que marcó mi vida y la sigue marcando. (…) Entonces cuando llegué a donde llegué, y estado donde he estado, pues en español y en inglés y en francés y en alemán, la literatura es la misma; entonces hablábamos de lo mismo siempre. Donde quiera, en cualquier parte del mundo. Nunca me sentí extraña porque también siempre busqué a los míos.
“Lo mejor de vivir acá en este mundo, en el aquí y en el ahora es la sorpresa. Yo aquí estoy para lo que la vida quiera” Fueron estas las palabras de una profesionista que también es mujer.
– Hasta ahorita se ha hablado de Alma Karla como profesionista, pero ¿cómo es ella en su vida personal?
– Mi vida no es sólo lo profesional. También como cualquier mujer tengo una vida, soy hija, soy hermana, soy amiga, soy pareja. Me siento muy satisfecha como hija, amiga (…). Yo aquí estoy para lo que la vida quiera, si mañana tengo un hijo creo que intentaré ser la mejor madre posible, si pasado me uno con alguien o me caso, creo que voy a echarle muchas ganas para ser una buena compañera de vida de un hombre. Por ahora no se han dado esas circunstancias. He vivido otras diferentes.
“No me gustan las máscaras. Yo soy yo cuando soy profesora, cuando soy artista, cuando soy periodista. Y yo soy yo cuando soy hija, pareja, amiga, hermana. Hace mucho que decidí ver la vida de esa manera".
– Hablando de esta pasión, que mencionas que sin ella no se puede vivir la vida, ¿cuándo fue ese quiero estar ahí para Alma Karla?
– Siempre quise estar ahí. Yo tenía como 8 ó 9 años. Todos los días mi mamá me ponía ver al Dr. Gamboín después de hacer la tarea. Ahí siempre estaban con que “la carta de fulanita desde Michoacán, “la carta de fulanito de Yucatán”, que nos escribe menganito desde el Distrito Federal. (…) de repente no me aguanté y escribí mi carta al Dr. Gamboín porque yo quería estar ahí.
– ¿Y qué le escribiste?
– ¡Ah! Que la paz del mundo, y los niños y que siempre lo veía y que lo admiraba mucho, y que no entendía por qué no le escribían tantos niños. Fue de las primeras veces.
Sin duda Alma Karla Sandoval ha sido una mujer de grandes metas y creativas ideas que le han permitido llegar a donde ha querido. Tal como ella lo señaló durante la entrevista: “Hasta el momento no ha habido país por ahora, ni cuerpo, ni amigos, ni amigas, ni trabajo, ni libro al que no haya podido llegar. Lo digo con simpleza no con presunción. No sé cómo me he salido con la mía. Todavía no lo entiendo”. Es así como concluye la entrevista realizada a quien ha conseguido escribir una historia con una pluma de punto fino, que con elegancia y astucia, ha tachado hasta el última de sus objetivos y marcado nuevos destinos en su vida tanto laboral como personal.